Monfragüe y su entorno regional son una buena representación del relieve del Macizo Ibérico meseteño. Todo él responde a una tipología muy característica donde no falta ninguno de los elementos geomorfológicos que lo componen. Se pueden observar los rasgos del paisaje más antiguos, como corresponde a esa planicie interminable que es la denominada penillanura Cacereña, o las cumbres alineadas sobre el horizonte de las sierras de Cañaveral, ambos viejos testimonios mesozoicos; los escalones e inclinaciones que presentan las cumbres horizontales de esas sierras anteriores, impronta alpina, y los profundos encajamientos de los ríos que surcan la región, la herencia más cercana. Todos los rasgos anteriores superpuestos en el tiempo, suman la historia de un paisaje que nos ha llegado de la forma que hoy día podemos disfrutar. A continuación, mediante un proceso de tamización minuciosa, se explicarán las vicisitudes de cada porción, pero también su incidencia e interrelación. 069 El relieve LA PENILLANURA CACEREÑA (SUPERFICIE DE EROSIÓN O APLANAMIENTO) Las superficies de erosión o aplanamientos son el rasgo geomorfológico más importante de los territorios constituidos por rocas antiguas. En lugares de Europa como el Macizo Central Francés, Vosgos o Selva Negra, la vieja superficie del final del Paleozoico ocupa parte importante de su paisaje. En la Península ocurre otro tanto. La Meseta Ibérica tiene un sustrato rocoso antiguo, llamado Macizo Ibérico. En su relieve actual convergen elementos de origen diverso y elaborado en fechas distintas. Las principales cadenas de montañas y las gargantas fluviales, proceden, respectivamente, de la primera y de la segunda mitad del Cenozoico, pero superficies de erosión y algunos de los relieves aislados asociados a ellas son aún más antiguos, pues constituyen el rasgo geomorfológico más importante de la era mesozoica de Iberia. Es frecuente reconocer territorios aplanados, de tal forma que en muchos lugares el relieve se aproxima a una penillanura. Pero además, se tratan de aplanamientos que se pueden reconocer también en lugares considerados como montañosos, en las cumbres de muchas sierras. Todos ellos son restos de un viejo paisaje, previo a la creación de las grandes montañas que hoy vemos. Desde antiguo, los geólogos admiten que las viejas superficies de erosión del final de la era paleozoica se siguen elaborando durante la Mesozoica, carente de condiciones geotectónicas fuertes, situación que favoreció esta actividad. En esa era geológica, sigue la progresiva degradación altimétrica del relieve de Iberia que queda reducido a la condición de penillanura. En la era Terciaria, cuando la Panorámica de la penillanura Cacereña septentrional desde el flanco norte de Monfragüe. EL RELIEVE
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