restos de un viejo paisaje previo a la creación de las grandes montañas alpinas que hoy vemos en otros lugares. Cambia la situación geotectónica de la Península modificando sustancialmente el relieve del viejo Macizo Ibérico, por lo que queda rota la continuidad de las penillanuras antiguas con la aparición de montañas importantes y depresiones que se rellenan de sedimentos. En el contexto geográfico próximo al parque, la nueva situación origina algunos hechos importantes como es la rotura y hundimiento de la penillanura Cacereña, especialmente en la región de Coria. Consecuentemente, se producen acumulaciones de sedimentos al norte y al sur de la sierra de Cañaveral e incluso en el interior de ella. Las circunstancias de esa acumulación sedimentaria están impresas en el propio registro que, en general, fue de carácter fluvial de procedencia occidental. Las roturas tectónicas alpinas también se detectan en el relieve de la Sierra de Cañaveral, puesto que la rompe y desnivela transversalmente, dejando como testimonio la línea imaginaria que une sus cumbres, escalonada e inclinada. La penillanura Cacereña está extraordinariamente bien conservada pero vigorosamente entallada por los ríos Tajo, Tiétar y Almonte. Este rasgo paisajístico marca el último episodio de la evolución geológica del Parque Nacional de Monfragüe y su entorno. Esta incisión fluvial se produce inmediatamente después de la aparición de la raña, iniciándose una etapa de ajuste del equilibrio fluvial trastocado por los cambios geotectónicos alpinos, mediante un proceso de erosión remontante desde el suroeste. Se trata de un proceso prolongado y continuo, pues con la creación de las montañas alpinas se ha originado un cambio orográfico importante y los ríos se reorganizan otra vez para adaptarse a la nueva situación. Esta reorganización se hace desde sus desembocaduras, por encajonamiento, y por retroceso de sus cabeceras, progresando hasta alcanzar el interior. El Tajo incide unos 300 m en la penillanura Cacereña, aunque sus afluentes secundarios aún presentan valles anchos y suaves, formas maduras de paisajes anteriores. Los ríos se adaptan a la estructura geológica y sólo la cortan, de forma puntual, aprovechando fracturas transversas a las estructuras principales. Así se originan el Salto del Gitano y después la Portilla del Tiétar. Por último, el testimonio de las pedreras o pedrizas es el de un pasado más frío que el actual, ya que serían acumulaciones de cantos y bloques sueltos procedentes de la erosión de las crestas de cuarcita como consecuencia de la gelifracción de su pasado periglaciar, durante la última glaciación cuaternaria que afectó a las montañas más altas de la Península hace unos 15-20.000 años. 095 HISTORIA GEOLÓGICA Vista panorámica hacia el noreste desde el Castillo de Monfragüe (alto situado por encima del portillo fluvial del Tajo, o Salto del Gitano). El río Tajo, en primer término, atraviesa a la sucesión de materiales del basamento de edad Paleozoico inferior. Se puede observar cómo este río corta transversalmente a las formaciones de rocas más duras o competentes (Cuarcitas del Caradoc, las capas que destacan en la parte central de la fotografía) y por el contrario, su curso se dispone en paralelo a las formaciones que son menos competentes (Formación Pizarras de Río, en la parte inferior-izquierda de la fotografía).
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