Coladas de obsidiana de Montaña Rajada. de Montaña Blanca sobre un escarpe agudo formado en emisiones anteriores. 8 MIRADOR DEL TELEFÉRICO (KM 42,8) En el cruce de la carretera con el desvío que sube al teleférico se puede ver una de las lenguas negras de las últimas coladas emitidas por el Teide. Desde el mirador, a 2.300 m de altura, se tiene una buena panorámica del relleno de la Caldera de Las Cañadas. El Culatón (La Ameba). En dirección a Montaña Blanca se aprecian, en su vertiente sur, las coladas viscosas de color marrón que se quedaron a media ladera. Se observan perfectamente las líneas curvas de su interior (ojivas de presión) debidas al mayor avance de las partes centrales de la colada frente a las laterales. Montaña Majúa. En primer término, mirando hacia el SE, se ve Montaña Majúa, una cúpula domática de escorias fonolíticas muy porosas y aglutinados de color amarillento, del que salieron abundantes coladas en dirección a la pared. Ésta es una de las formas de extruir los magmas muy viscosos de composiciones ácidas, en vez de producir conos de lapillis y bombas. Montaña Majúa. Al fondo Montaña Guajara. 132 UN DÍA EN EL PARQUE OBSIDIANAS, EL ARMA DE LOS GUANCHES En vulcanología, las obsidianas son las partes vítreas de las lavas. Es decir, son las zonas de la colada que se han enfriado tan rápidamente que no ha habido tiempo para formar minerales. Estas zonas forman bandas alargadas que se localizan principalmente en la base de las lavas. Tienen lustre vítreo, color negro, marrón oscuro o verdoso, fractura concoide y tacto untuoso. El color negro se lo da la magnetita, un mineral de hierro. El término obsidiana es uno de los nombres de roca más antiguos que aun está en uso. Fue introducido por Plinio el Viejo hace casi dos mil años. Según Plinio el nombre proviene del explorador romano llamado Opsius, su descubridor en Etiopía. Desde las épocas prehistóricas, las civilizaciones asentadas en terrenos volcánicos han utilizado las obsidianas para fabricar sus instrumentos líticos, sobre todo las armas (cuchillos, puntas de flecha o hachas). Los incas fueron una de esas civilizaciones que hicieron un buen uso de este material, utilizándolo también como espejo. Los guanches no han sido una excepción y, allí donde había un buen yacimiento de obsidianas, establecían una cantera-taller. En el Parque Nacional, los arqueólogos han descubierto varias de estas canteras asociadas preferentemente con las coladas fonolíticas masivas de Montaña Rajada, Guajara o los riscos de La Fortaleza.
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