14 PLATÓN Y LA LEYENDA DE LA ATLÁNTIDA En la antigüedad, la Atlántida era el gran continente sumergido del cual habló Platón en su diálogo “Timeo y Critias”, y que tanto ha fascinado a muchos. Estaba basado en historias contadas por su antecesor Solón, quien a su vez las había escuchado de boca de sacerdotes egipcios. La Atlántida era una gran isla situada al otro lado de las Columnas de Hércules (el estrecho de Gibraltar) y estaba habitada por los atlantes, los descendientes de Atlas, su primer rey. La Atlántida estaba llena de riquezas y su pueblo era el más adelantado del mundo. Cuentan las leyendas antiguas que entre los siglos XII y I a.C., era imposible alejarse de la costa europea más allá de las Columnas de Hércules debido a que aún se encontraban flotando enormes masas de lodo procedentes del cataclismo que hundió a la Atlántida. Otras leyendas atribuían a Zeus la catástrofe. El dios castigó a sus habitantes y destruyó la gran isla provocando grandes erupciones volcánicas y maremotos. Según la tradición, restos de la Atlántida dieron origen a las islas del archipiélago macaronésico: Azores, Madeira, Canarias y Cabo Verde, que serían las cumbres de las altas VOLCANES DEL MITO A LA CIENCIA Terremotos y volcanes son algunos de los fenómenos naturales más visibles de la dinámica de las placas tectónicas para formar la superficie de la Tierra. El nacimiento de los volcanes y su actividad es un fenómeno que contribuye a la transformación del relieve terrestre. Es, sin duda, el proceso que origina mayores modificaciones en menor tiempo. Sucede en forma tan rápida que actualmente es uno de los procesos geológicos mejor conocidos por el hombre. En casi todos los pueblos antiguos y en las prime- ras civilizaciones, los volcanes se han relacionado con moradas de dioses o seres sobrenaturales que, de una u otra forma, influían en la vida de los humanos. El hombre siempre ha con- vivido con los volcanes, sufriendo o beneficiándose de su actividad. Los reverenció, temió y, posteriormente, los estudió. Se asentó sobre sus terrenos para aprovecharse de la bondad de sus suelos aún a sabiendas del riesgo que corría. Hoy, ya no sólo se asienta cerca de ellos para beneficiarse de sus cualidades, sino porque, simplemente, son hermosos.
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