P.N. del Teide 2ed.

ALEXANDER VON HUMBOLDT EN EL TEIDE El naturalista alemán A. von Humboldt (1769-1859) visitó la isla de Tenerife en junio de 1799, en una escala de su famoso viaje a América. Permaneció en la isla una semana y, como era habitual en todos los viajeros de la época, subió al Teide. En el siglo XVIII, el camino de subida al Teide partía del puerto de la Orotava (hoy Puerto de la Cruz), a nivel del mar. La ascensión se hacía por la Orotava, desde donde salía el Camino Real de Chasna que subía a las Cañadas por el Portillo de la Villa. Una vez en el Portillo, el camino real continuaba hacia Guajara, mientras que para el Teide se tomaba una senda hacia Montaña Blanca, pasando por el volcán de los Tomillos. El cortejo que acompañaba a Humboldt y su compañero, el botánico Aimé Bonpland, en aquellas memorables jornadas del 21 al 23 de junio de 1799, lo formaban el vicecónsul francés, Sr. Le Gros, quien ya había estado en la cumbre del Teide varias veces, su secretario, Lalande, el jardinero inglés del Durazno y algunos guías locales de los que Humboldt no guardó buenos recuerdos: “Nuestros guías canarios eran de una cachaza desesperante; se sentaban a descansar cada diez minutos, arrojaban a hurtadillas las muestras de obsidiana y piedra pómez que con cuidado habíamos recogido y descubrimos que ninguno de ellos había ido a la cima del volcán todavía”. El naturalista prusiano añade que “habían querido persuadirnos la víspera de no ir más allá de la estación de las Rocas”. A lo mejor se debía a una razón muy simple, que escapaba a su espíritu racional: que no las tenían todas consigo tras las recientes erupciones laterales ocurridas sólo un año antes en el circo de las Cañadas. Los guanches, primitivos pobladores de Tenerife, creían que un ser maligno, el cruel Guayota, habitaba en el interior del volcán; cuando se enojaba escupía llamas, llevando la desolación y la muerte a los seres humanos. HUMBOLDT EN EL CRÁTER DEL TEIDE “Descendimos un buen trecho en el cráter, quizá más que ningún otro viajero científico anterior. El fuego y el agua bramaban bajo la superficie; observé que salía vapor por todas partes... ( ) El gas azufrado nos agujereaba las ropas, quemándolas, mientras las manos se nos entumecían de frío”. Diario de Humboldt (22-junio-1799) 168 EL PICO DEL TEIDE

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