P.N. del Teide 2ed.

LA CUEVA DEL HIELO La primera vez que se menciona la existencia de esta cueva de forma escrita fue en un relato sobre el Pico del Teide publicado por el escritor inglés Thomas Sprat, en 1667, recogiendo el testimonio de unos comerciantes ingleses que subieron al Teide, en 1646. Antiguamente, la actual Cueva del Hielo se llamaba Cueva de la Nieve, ya que de ella se sacaba gran parte del hielo que se consumía en los pueblos principales de la isla. Desde la segunda mitad del siglo XVIII, el hielo se ha usado para fabricar sorbetes y helados, en la conservación de alimentos y como remedio terapéutico. Su almacenaje era similar al que se hacía en los pozos de nieve peninsulares. Intercalado con los bloques de hielo se ponían ramas y capas finas de piedra pómez. El tubo volcánico de la Cueva del Hielo es ligeramente curvo con una longitud de 48 m, una altura máxima de 9 y la parte más ancha de 15 m. Parte del techo se encuentra hundido, produciéndose, por tanto, un “jameo”, término canario que define el hundimiento de un tubo. En su interior destacan los resaltes o repisas en sus paredes laterales, resultado de las marcas dejadas por los flujos de lavas internos durante su circulación. La cueva ha sido siempre muy estimada por lo estratégico de su situación en la senda del Teide, y por la frescura y finura de su agua. 174 EL PICO DEL TEIDE Interior de la Cueva del Hielo (Autor: Eduardo Martínez de Pisón).

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