P.N. del Teide 2ed.

Las emisiones intermedias Como es habitual en los estratovolcanes, las erupciones del Teide no se debieron de producir sólo desde un conducto principal. Varios conductos secundarios o periféricos contribuyeron a su formación. En la mitad occidental del Teide, hay coladas posteriores a las antiguas en las que aún se distinguen las estructuras de las coladas. Su distribución espacial es muy desigual y no están apenas incididas por la red de barrancos. Parece que proceden de centros pequeños situados en el flanco norte y noroeste. A su vez están cubiertas por las coladas negras. Las coladas negras Hay dos aspectos del Teide que impresionan vivamente al visitante: las dimensiones del edificio y las coladas negras que descienden por sus laderas. Las coladas negras pertenecen a la última erupción que tuvo el Teide y fueron emitidas por el Pico. Presentan una composición traquifonolítica y su color negro se debe al carácter vítreo de su textura. Es decir, las coladas, al salir del cráter, se enfriaron rápidamente y no hubo tiempo para que pudieran cristalizar más minerales que los pequeños listones blancos de feldespato que se ven a simple vista. Se extendieron en todas las direcciones de manera radial, derramándose preferentemente por el flanco norte del volcán, donde rodearon al domo de Pico Cabras. Por el flanco sur descendieron hacia Montaña Blanca, a la que cubrieron sólo en parte ya que se desviaron por ¿VIO COLÓN LA ERUPCIÓN DE LAS COLADAS NEGRAS DEL TEIDE? En su primer viaje a América, Colón hizo escala en Canarias para abastecerse antes de emprender el largo viaje a las Indias. El 24 de agosto pasó por el sur de Tenerife hacia La Gomera. Según relata Hernando de Colón, en su libro “Historia del Almirante” toda la tripulación de la carabela vió salir fuego del Teide: “[...] el Almirante resolvió, a 23 de Agosto, volver con sus dos naves a la gran Canaria, y así, partiendo el día siguiente, encontró en el camino al carabelón, que no había podido todavía llegar a la gran Canaria por serle el viento muy contrario. Recogió al hombre que lo guiaba, y pasó aquella noche cerca de Tenerife, de cuya montaña se veían salir grandísimas llamas, de lo que maravillándose su gente, les dio a entender el fundamento y la causa de tal fuego, comprobando todo con el ejemplo del monte Etna de Sicilia y de otros muchos montes donde se veía lo mismo”. 88 LA GEOLOGÍA DEL PARQUE

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